Ángela es una joven altruista, dispuesta a colaborar con las personas menos favorecidas, está inscrita en más de cuatro ONG de su país. Y como no, le gusta el deporte y los buenos amig@s.
A mitad del curso en el instituto Molino azul, el director propuso al alumnado un trabajo general. Este proyecto seria evaluable en la misma medida que el resto de las demás áreas, el trabajo era simple, emular la idea original de la película “cadena de favores” y ver que puede tener de positivo el seguir una cadena de favores y si esta logra ir lejos o romperse, en definitiva una venada del director del instituto, quizás por nacer bajo el signo de Sagitario.
Ángela no dudó en apuntarse, lo tenía claro, sabía que era su fuerte y que le beneficiaria en sus estudios.
Fue ilusionada a su casa y antes de llegar a su vecindario ya mostró su disposición dando 10 euros a una anciana indigente diciéndola al oído… ¡sigue la cadena!, ayuda a alguien como yo te estoy ayudando, a lo que la anciana respondió ¡qué te jodan mocosa! Según se alejaba la joven.
Ella no le dio importancia y con una sonrisa, más de marketing que de una profunda sinceridad, siguió su camino.
Aquella misma tarde llamo a algunas amigas y les contó todo lo que estaba haciendo y seguido salió de nuevo a la zona más desfavorecida de su ciudad.
Encontró a un hombre poco agraciado físicamente y se conmovió tanto pensando que ninguna chica le miraría y menos entablar una conversación que se le acerco y le dijo, ¡hola!
Aquel hombre la miro de abajo a arriba y se quedo perplejo, mientras se tapaba la boca para que no se notara sus ulceras en labios y nariz.
Ella le dijo sin dudarlo, hola soy Ángela y quiero hacerte un favor y rogaría siguieras esta cadena haciéndole un favor a otra persona.
Él le miro atónito mientras ella tenía extendida su mano con otro billete de diez euros. Él con voz rota la contesta ¿por qué no otro favor?
Ángela bajo su mano y le miro perpleja y su voz se volvió temblorosa y pregunto ¿qué clase de favor seria?
Quiero que me ayudes a limpiar mi casa. Ella dio un paso atrás y le dijo ¿no prefiere un poco mas de dinero?
Tu quieres una cadena de favores, entonces favoréceme en esto y luego yo haré lo mismo con otra persona.
Ella miró su reloj y dijo, de acuerdo pero tenemos poco tiempo, tengo que estar a las diez en casa.
Aquel hombre le señalo su vivienda, que estaba allí mismo y asintió con su cabeza y subió con él.
Estuvo limpiando más de dos horas, aunque fue más ordenar que otra cosa. Ya que apenas había polvo o suciedad, tenía aquel hombre una modesta casa pero no era antihigiénica o que diera una sensación de abandono.
Ángela nunca había hecho algo así en su vida y se extraño de no sentir miedo o precaución, por estar en casa de un extraño.
El hombre le oferto un batido de chocolate fresco y ella sonrió y acepto el envite. Se tomo el vaso casi de una entrada, y tras un saboreo y satisfacción por tan rica bebida se dispuso a lavarse las manos y retocarse un poco para volver a su casa.
La vista le empezó a jugar malas pasadas, y notaba un calor excesivo, en un principio creyó que podía ser un sofoco por la actividad realizada, pero cuando quiso percatarse de algo anormal sus pies le fallaron y cayó al suelo.
Seguía consciente y vio como aquel hombre se acercaba tranquilamente y la levanto con sus brazos y la ponía en la bañera, desnudándola ante sus brillosos ojos que observaba cada pasó que daba aquel hombre.
Ángela ya solo vio un maletín negro en la mano derecha de aquella persona y después solo fue oscuridad.
A la mañana siguiente aquel desfavorecido hombre en belleza llamo a una puerta a las afueras de la ciudad y le entrego a una señora vestida de enfermera una nevera portátil.
Según se alejaba con una sonrisa dijo aquel hombre, ¡siga con la cadena de favores! a la enfermera que entro en la casa con una media sonrisa.
Le salieron al paso dos personas de traje y recogieron la nevera portátil y hablando por un móvil dijo uno de ellos, lo tenemos.
Una semana después Ángela estaba en un depósito de cadáveres. Fría, sin corazón, pulmones, riñones, hígado, ojos… estaba muerta, lo triste es que no podría saber ya, que por fin su altruismo finalmente recompenso a otras personas, claro está que la cadena de favores que intento comenzar, terminaba en el interior de un cálido cuerpo multimillonario necesitado de algún órgano vital, a falta del que tenia enfermo y sin ninguna gana de hacer mas favores que un buen pago por su necesidad vital.
Relato escrito en el año 2004